Lanzarote y el Parque Nacional de Timanfaya

Lanzarote es mucho más de lo que parece a primera vista: una tranquila isla de mar y playa, sol eterno, buen tiempo, naturaleza y, en definitiva, uno de los destinos preferidos por los veraneantes de la península. Bañada por las frías aguas del Atlántico, Lanzarote guarda en sus profundidades la historia de la tierra. Y es que esta pequeña reserva del fuego y de la roca está formada por hasta 25 volcanes de los cuales no todos están apagados por completo.

Si te emociona la naturaleza más salvaje, más demoledora y a la vez que constructiva, que crea vida a golpe de fuego y explosión, tu destino es Lanzarote, una isla volcánica que a día de hoy cuenta con una vida salvaje de lo más variada y emocionante.

Arrecife es su capital, y con 141.938 habitantes es la tercera isla más poblada de Canarias, tras Tenerife y Gran Canaria. Pero sin duda la más exótica, con tierras duras pero amables para sus hasta 16 endemismos de flora. La escasa altitud de la isla dificulta la formación de nubes y con ello la existencia de precipitaciones, pero sus gentes llevan centenares de años viviendo allí y ya han aprendido a sacrle el máximo partido a sus tierras.

El Parque Nacional de Timanfaya es uno de los destinos más atractivos, originales y diferentes de todas las islas canarias, y ocupa los municipios de Yaiza y Tinajo en la isla de Lanzarote. Aunque el espacio acotado es de tan sólo 51 kilómetros cuadrados, en realidad toda la isla de Lanzarote cuenta con el reconocimiento de Reserva de la Biosfera desde 1993. Y, al igual que todas las Islas Canarias, se encuentran a la vanguardia del respeto por el medio ambiente y su salvaguarda, con rígidas leyes que dificultan la construcción en áreas protegidas, las cuales componen la mayor parte de sus ingresos por turismo.

Más allá de su curioso paraje y yermo terreno, el parque cuenta con un atractivo que no podremos encontrar fácilmente en otros lugares de España: los puntos de calor, vestigio de la actividad volcánica, espacios que el magma calienta hasta los 120º en la superficie e incluso 600 a sólo 13 metros de profundidad.

Aunque la posibilidad de presenciar una erupción sería peligrosamente emocionante, podemos visitar el parque tranquilos: hace más de doscientos años que ninguna de estas joyas naturales entra en erupción, así que resulta bastante improbable (y prácticamente imposible) que vaya a quemar nuestras vacaciones.

23 - 07 - 2015

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